domingo 7 de febrero de 2010

LA IGLESIA Y EL DESAFÍO DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN.

-SAN GABRIEL ARCÁNGEL, patrono de las comunicaciones-

Por monseñor Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.
PORTO ALEGRE, sábado, 6 de febrero de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, al inaugurar el Primer "Mutirão" Latinoamericano y Caribeño de Comunicación, MUTICOM, que se lleva a cabo del 3 al 7 de febrero de 2010 en la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul, en Porto Alegre, Brasil.

fuente: http://www.zenit.org/article-34198?l=spanish


Parte I - Contexto

Estoy muy contento de estar con ustedes aquí en Porto Alegre, en este Mutirão para la Comunicación en América Latina y el Caribe, que ha requerido tanto esfuerzo y mucha dedicación por parte de los organizadores, más aún con el cambio de fechas que debieron afrontar y que significó una sobrecarga de trabajo. Gracias de corazón por hacerlo, además, con amor y eficacia.

El objetivo del Congreso es muy importante y delicado: impulsar una comunicación más justa, solidaria, pacífica. Una comunicación acorde, en síntesis, con el Plan de Dios en el mundo, que hemos de implementar siguiendo las líneas maestras de la misión continental trazadas por el magisterio de los Obispos en la Conferencia de Aparecida.

Al contemplar nuestras sociedades desde un punto de vista socio-económico, detectamos grandes y complejos contrastes. Hay muchas potencialidades, avances tecnológicos y organizativos. Pero ¿cómo ignorar la enorme distancia entre ricos y pobres, incluso en nuestros países llamados cristianos? "En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Se sigue produciendo el escándalo de las disparidades hirientes." La comunicación es un factor importante que puede contribuir a una mayor equidad o, por el contrario, perpetuar estructuras de injusticia y violencia, producto de ideologías y prejuicios que esclavizan al ser humano. La sociedad espera de los medios, grandes y pequeños, una actitud y un compromiso responsables y debe ser exigente en este sentido.

Preguntaba el Papa Benedicto XVI en Aparecida: "¿Cómo puede contribuir la Iglesia a la solución de los urgentes problemas sociales y políticos, y responder al gran desafío de la pobreza y la miseria?" Señalaba, a este propósito, que tanto el capitalismo como el marxismo prometieron encontrar el camino para la creación de estructuras justas y afirmaron que funcionarían por sí mismas. Sus promesas han demostrado ser falsas. Donde Dios está ausente -el Dios del rostro humano de Jesucristo- esos valores no se muestran con toda su fuerza.

Por eso este encuentro puede ser ocasión también de realizar una autoevaluación sobre nuestro servicio y testimonio como comunicadores católicos hacia dentro y hacia fuera de la Iglesia, despojándonos de posibles preconceptos que sólo nos limitarían. Profundicemos en el hecho mismo de la comunicación, y no solamente a lo referido a los medios.

Hoy asistimos a un sistema comunicativo fluido, complejo y poliédrico. Los blogs y las redes sociales son espacios de encuentro y difusión muy importantes. Son cada vez más los usuarios/productores de información, lo cual ha hecho crecer la participación popular en la dinámica comunicativa, pues incluso los medios de masas se hacen eco de los pequeños medios personales, como sucedió recientemente en Haití. Por eso urge la inclusión de los que han quedado fuera en este diálogo social, para que puedan expresarse libremente y también con responsabilidad como corresponde a todo usuario/productor.

El mundo informativo de hoy es transversal, multimediático, inmediato, prácticamente incontrolable, en cierto modo efímero, y crea una nueva cultura que incide en la mentalidad contemporánea. Los nuevos medios también se están asumiendo en los contextos de la comunicación para el desarrollo, que integra la comunicación estratégica y organizativa como factor real que contribuye al progreso de las comunidades, pues ellas mismas se vuelven protagonistas de su propia transformación. Hay que impulsar estos procesos, en los que se inscriben también muchas radios comunitarias y locales, "para fortalecer las nuevas formas de participación en la política nacional e internacional que tienen lugar a través de las organizaciones de la sociedad civil". Obviamente, "no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser auténtico e integral", y "Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre," , como nos recuerda el Papa en su última encíclica Caritas in veritate.

El Documento de Aparecida describe la situación de manera muy aguda: "la eficacia de los procedimientos alcanzada mediante la información, no logra satisfacer el anhelo de dignidad inscrito en lo más profundo de la vocación humana. (...) La persona humana es, en su misma esencia, aquel lugar de la naturaleza donde converge la variedad de los significados en una única vocación de sentido" (n. 42). El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas no garantiza la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. "Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural." Los comunicadores hemos de orientarnos al desarrollo integral de la persona y de la comunidad. ¡No perdamos de vista este objetivo!

Parte II - La Iglesia como cuerpo vivo en la sociedad-red

El esfuerzo para crear vínculos de comunicación y fraternidad no puede dirigirse sólo hacia fuera de la Iglesia. Hemos de hacer examen de conciencia y ver si en nuestras comunidades vivimos los valores comunicativos que deseamos impulsar en el mundo. Estamos llamados a ser sal y luz, a promover una cultura de "respeto, de diálogo, de amistad", que impulse mayor justicia, paz y solidaridad con la comunicación digital -como lo pidió el Papa en su 43ª mensaje para Jornada Mundial de las Comunicaciones-. La comunidad cristiana misma como Pueblo de Dios, en su integridad, tiene que ser ese espacio donde los valores del Reino se vivan con coherencia, de manera efectiva. Al menos hemos de mantener una constante tensión hacia esa coherencia vital.

Nos hallamos en la llamada "sociedad-red", ya que la tecnología digital de comunicación se estructura en forma de redes. Ello ha lanzado con mayor fuerza el concepto de "redes sociales" y la consideración de los grupos humanos como redes de nodos interconectados que se comunican entre sí. Pero a nosotros esta imagen de la red nos evoca otra mucho más profunda y vital: la Iglesia como cuerpo, el Cuerpo místico de Cristo. San Pablo en su segunda carta a los Corintios, recuerda: "Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu". (2Cor 12, 4-21). Somos, pues, mucho más que una red. Somos un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo, y ninguno de los miembros de la Iglesia debe estar excluido y olvidado. La comunicación es para la promoción de la comunión. Y hemos de expresarla y promoverla desde dentro de las comunidades mismas. La comunicación interna de nuestras comunidades es un aspecto que no podemos descuidar. Por eso el Santo Padre anima a los sacerdotes, en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones de este año, a ser eficaces comunicadores y portadores de Cristo en la cultura digital.

La primera tarea que tenemos como discípulos del Señor, es lograr que el cuerpo esté bien comunicado; que no haya nodos sin conexión, pues cada uno tiene mucho que aportar y que recibir. Por eso es para nosotros una prioridad la de reducir la brecha digital incluso dentro mismo de la Iglesia, para poder hacerlo también fuera. Son innumerables las buenas prácticas que han abierto camino. Este Mutirão reúne a muchas instituciones que favorecen la inclusión digital y el trabajo en red, por las cuales damos gracias a Dios y tratamos de apoyarlas. El CELAM y nosotros hemos impulsado la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) y sus instituciones de servicios continentales. La RIIAL tiene como prioridad "llegar hasta los últimos", allá donde haya comunidades aisladas y empobrecidas. Y no sólo dotar de tecnología, sino generar una auténtica cultura digital solidaria, orientada a la comunión. Otro proyecto creado por nuestro Pontificio Consejo con el CELAM, Signis, CAMECO y otras instituciones, y que deseo presentar en púbico por primera vez, es el portal Intermirifica.net, destinado a favorecer los vínculos de conocimiento mutuo entre las iniciativas católicas de comunicación. Es el primer directorio eclesial global on-line de iniciativas católicas de radio, televisión y producción audiovisual (www.intermirifa.net). En síntesis, vemos con especial interés los proyectos que expresan e impulsan la comunión en el interior de la Iglesia.

La comunicación en América Latina cuenta con una potencialidad enorme que otros continentes no tienen. Pensemos por ejemplo en unos datos ilustrativos que emergen del directorio Intermirifica.net: sólo en Brasil hay más de 180 radios católicas; mientras que en todo el continente africano existen algo menos de 200. ¿Verdad que nos interpelan estos datos?

Al mismo tiempo, no estamos destinados a agotar nuestra acción en la comunión interna. Como decía al principio, la Iglesia nace para comunicar a Jesucristo a toda criatura. Y a esa misión es a la que los Obispos en Aparecida han convocado al pueblo de Dios.

Parte III- La diaconía de la cultura y el "patio de los gentiles"

Para ser misioneros hemos de ser discípulos. Por eso, paradójicamente en la cultura de la comunicación, nuestra primera tarea es callar y escuchar. Contemplar en profundidad, primero que nada el Misterio divino, dedicando tiempo y espacio a estar con el Señor que es la Palabra de vida, a solas y en comunidad, para llenarnos de su amor y de su misericordia. La oración no es una huída del mundo. Muy por el contrario, el amor de Cristo es puro dinamismo, una fuerza que busca incansablemente al ser humano para que sea libre, y en el amor encuentre su plenitud y felicidad. Por eso la oración auténtica desemboca siempre en el servicio diligente. Sólo desde el silencio podemos sentir hondamente el palpitar del mundo, escuchar los gozos y las esperanzas, las fatigas y dolores de nuestros hermanos para comprenderlos y servirlos.

Los primeros cristianos, en una sociedad con algunas similitudes con la nuestra, no consideraron su anuncio misionero como una propaganda que debía servir para aumentar el propio grupo, sino como una necesidad intrínseca que derivaba de la naturaleza de su fe. El Dios en el que creían era el Dios de todos, el Dios uno y verdadero que se había mostrado en la historia de Israel y finalmente en su Hijo, dando así la respuesta que tenía en cuenta a todos y que, en su intimidad, todos los hombres esperan, era lo que todos buscaban. "Anunciaban a Aquél que las personas ignoran y sin embargo, conocen: el Ignoto-Conocido; Aquel que buscan, al que, en lo profundo, conocen y que, sin embargo, es el Ignoto y el Incognoscible.".

Y hemos de escuchar también a nuestros contemporáneos. La mayoría de las personas buscan puntos de apoyo en medio de lo fugaz, anhelan verdades perennes, no pocas veces aplicando sólo las fuerzas de su razón. Este camino no es equivocado si se recorre con sinceridad y humildad, pues conduce hasta la frontera del Misterio. Encontrar a Dios y dejarse encontrar por Él, es la vocación de toda persona; la Iglesia existe para facilitar ese encuentro. "También en el mundo digital se debe poner de manifiesto que la solicitud amorosa de Dios en Cristo por nosotros no es algo del pasado, ni el resultado de teorías eruditas, sino una realidad muy concreta y actual. La pastoral en el mundo digital debe mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente. Ésta es una de las formas en que la Iglesia está llamada a ejercer una "diaconía de la cultura" en el "continente digital"."

Nuestra misión de comunicadores, "para que nuestros pueblos en Él tengan vida, es manifestar que en Jesús se encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana". Claro que los medios eclesiales de comunicación en el contexto latinoamericano deben promover la justicia social y la solidaridad, pero ello no es en sí mismo suficiente. Con el Evangelio en las manos y en el corazón, hemos de continuar preparando los caminos que conducen a la Palabra de Dios, sin descuidar una atención particular a quien está en actitud de búsqueda. Más aún, procurando mantener viva esa búsqueda como primer paso de la evangelización. ¡Qué desafío... pero qué gran valor y dignidad se confiere al ser humano en su lucha por un mundo mejor y más justo!

Así, hemos de que crear nuevos espacios de encuentro y de diálogo. El Santo Padre ha usado una expresión muy bella que nos ilustra la evangelización a las personas que están alejadas de la comunidad. "Así como el profeta Isaías llegó a imaginar una casa de oración para todos los pueblos, quizá sea posible imaginar que podamos abrir en la red un espacio - como el "patio de los gentiles" del Templo de Jerusalén - también a aquéllos para quienes Dios sigue siendo un desconocido.".

Este "patio de los gentiles" es un lugar acogedor donde escuchar y expresarse. La comunicación es ante todo un acto de amor, y un acto de servicio. Nuestra escucha debe desembocar en servicio a las personas según su propia cultura, a través de la comunicación. Si somos discípulos y misioneros, hemos de realizar esa diakonía de la cultura, por amor a nuestros contemporáneos. Cristo, que lava los pies a sus discípulos, es el icono de una comunicación que sirve.

¿Cómo? No sólo efectuando proyectos, sino con un estilo de realizarlos: con respeto, abiertos al diálogo y a la amistad. Un estilo que es en sí mismo ya anuncio y mensaje por su finura, su atención a los débiles, su capacidad de atravesar las barreras ideológicas y los prejuicios de cualquier signo y servir a la persona concreta. El icono de este estilo es el Diácono Felipe, que se acerca al carro del eunuco de la Reina Candace, camina con él, escuchando y compartiendo su búsqueda, y sube a su carro para comunicarle la Buena Nueva de manera personalizada, según su comprender y su cultura (Hch 8, 26-39).

Realicemos nuestra comunicación con amor, con respeto, con apasionada esperanza en la acción del Espíritu Santo que toca los corazones. Respondiendo a la misión convocada por los Obispos de América Latina desde Aparecida, los comunicadores, ellos y ellas, han de ser activos operadores de paz y tejedores de redes a través de los medios, sean éstos pequeños, personales o de masas. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia." (Mt 5, 6-7).

sábado 6 de febrero de 2010

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma del 2010

El Papa denuncia la connivencia entre el mal y el corazón humano, cuya indiferencia “provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos”


Jueves, 4 feb (RV).- Esta mañana fue presentado en Conferencia de Prensa el Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma del 2010 que, recordamos, dará inicio con la celebración del Miércoles de Cenizas, el próximo 16 de febrero. La presentación estuvo a cargo del Cardenal Paul Josef Cordes, presidente del Consejo Pontificio Cor Unum, y participaron en la conferencia de prensa el Dr. Hans-Gert Pöttering, presidente de la Fundación Konrad Adenauer y presidente emérito del Parlamento Europeo, y Mons. Giampiero dal Toso, secretario del Consejo Pontificio Cor unum.

El mensaje del Papa para la Cuaresma de este año tiene como tema “La Justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo”, texto tomado del capítulo tercero de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos. El mensaje, fechado el 30 de octubre del 2009, y hecho público hoy, está articulado en cuatro apartados en donde Benedicto XVI, con su pedagogía magistral y como Pastor de la Iglesia Universal, busca que todos los creyentes interioricen el sentido profundo del tiempo penitencial que es la Cuaresma, y entiendan de manera clara el significado de la justicia de Dios, que es modelo para la justicia de los hombres.

Y precisamente el primer argumento del Papa es el explicar el término “justicia” que desde la antigüedad se ha definido como “dar a cada uno lo suyo”. Sólo que esa definición no explicita lo que significa eso “suyo” que corresponde a cada quien, y que visto desde la perspectiva humana se puede quedar en los anhelos de bienes materiales, que ciertamente son útiles y necesarios - el anhelo de la justicia distributiva dice el Pontífice -, pero que a fin de cuentas no ofrece al ser humano todo los “suyo”. Por eso, en este primer apartado Benedicto XVI dice que además del pan y lo material, el ser humano “necesita a Dios, que es quien concede y comunica gratuitamente su amor a los hijos creados a su imagen y semejanza”.

En el segundo apartado del mensaje para la Cuaresma del 2010, Benedicto XVI se pregunta sobre el origen de la injusticia, que en nuestros días puede ser asociada a las carencias, especialmente de alimentos, que sufre gran parte de la humanidad. Y la respuesta la ofrece tomando como referencia el texto del capítulo 7 del evangelio según san Marcos, en donde Jesús hablando a la gente, dice que no es lo de fuera lo que contamina al hombre, lo que come, sino que es lo que sale de él, lo que se fragua en el corazón del ser humano lo que hace mal.

Y llama la atención el Papa sobre ciertas tendencias de pensamiento e ideologías actuales que tratan de justificar en “causas exteriores” los males e injusticias de las sociedades, dando como solución la “eliminación” de esas causas exteriores para que entonces reine la justicia. Benedicto XVI dice que “esta visión es ingenua y miope, porque la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas, sino también tiene origen en el corazón humano, que es el que alberga al egoísmo, el verdadero mal de nuestra caída humanidad”.

Por eso el Papa, en la continuación de su mensaje para la cuaresma, plantea como tercer punto de reflexión el retomar la sabiduría del pueblo de Israel que hace una relación entre la bondad de Dios al “levantar al desvalido” y la justicia para con el prójimo. Benedicto XVI dice que en hebreo se usa la palabra “sedaqad” para significar esa virtud de la justicia en donde por un lado, el creyente acepta plenamente la voluntad de Dios, y por el otro, es movido a actuar con equidad ante su prójimo, especialmente con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda.

Estas ideas están representadas, continúa diciendo en su mensaje el Papa, en el episodio de la entrega de la Ley de Dios a Moisés, hecho que ocurrió después que Dios escuchó el clamor de su pueblo, y lo liberó de la opresión. De allí que para el creyente de hoy, y para entrar en la justicia, es necesario salir de la ilusión de la autosuficiencia, del estado de cerrazón, y realizar un “éxodo” más profundo que el que obró Dios con Moisés, porque lo que se debe buscar es la liberación del corazón.

La palabra final del mensaje para la cuaresma de este 2010, que fue presentado hoy, Benedicto XVI la centra en Cristo, la verdadera justicia de Dios. Si bien se puede preguntar qué justicia es esa donde el justo muere en lugar del culpable, y donde el culpable recibe bendiciones, donde pareciera que cada quien recibe lo contrario, Benedicto XVI responde que esa es precisamente la justicia de Dios, que es distinta a la humana porque con la entrega de su Hijo ha pagado un “precio exorbitante” para rescatarnos del pecado, que es el verdadero origen del mal.

Y esa justicia de cruz pone de manifiesto que el hombre, explica Benedicto XVI, no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro, de ese otro que es Cristo. Convertirse a Cristo, llamado principal del tiempo de la cuaresma, es “salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad”. Benedicto XVI augura que este tiempo de cuaresma, “tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia”.


MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA

La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22)

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3,21-22).

Justicia: “dare cuique suum”

Me detengo, en primer lugar, en el significado de la palabra “justicia”, que en el lenguaje común implica “dar a cada uno lo suyo” - “dare cuique suum”, según la famosa expresión de Ulpiano, un jurista romano del siglo III. Sin embargo, esta clásica definición no aclara en realidad en qué consiste “lo suyo” que hay que asegurar a cada uno. Aquello de lo que el hombre tiene más necesidad no se le puede garantizar por ley. Para gozar de una existencia en plenitud, necesita algo más íntimo que se le puede conceder sólo gratuitamente: podríamos decir que el hombre vive del amor que sólo Dios, que lo ha creado a su imagen y semejanza, puede comunicarle. Los bienes materiales ciertamente son útiles y necesarios (es más, Jesús mismo se preocupó de curar a los enfermos, de dar de comer a la multitud que lo seguía y sin duda condena la indiferencia que también hoy provoca la muerte de centenares de millones de seres humanos por falta de alimentos, de agua y de medicinas), pero la justicia “distributiva” no proporciona al ser humano todo “lo suyo” que le corresponde. Este, además del pan y más que el pan, necesita a Dios. Observa san Agustín: si “la justicia es la virtud que distribuye a cada uno lo suyo... no es justicia humana la que aparta al hombre del verdadero Dios” (De Civitate Dei, XIX, 21).

¿De dónde viene la injusticia?

El evangelista Marcos refiere las siguientes palabras de Jesús, que se sitúan en el debate de aquel tiempo sobre lo que es puro y lo que es impuro: “Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre... Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas” (Mc 7,15. 20-21). Más allá de la cuestión inmediata relativa a los alimentos, podemos ver en la reacción de los fariseos una tentación permanente del hombre: la de identificar el origen del mal en una causa exterior. Muchas de las ideologías modernas tienen, si nos fijamos bien, este presupuesto: dado que la injusticia viene “de fuera”, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar ―advierte Jesús― es ingenua y miope. La injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. Lo reconoce amargamente el salmista: “Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre” (Sal 51,7). Sí, el hombre es frágil a causa de un impulso profundo, que lo mortifica en la capacidad de entrar en comunión con el prójimo. Abierto por naturaleza al libre flujo del compartir, siente dentro de sí una extraña fuerza de gravedad que lo lleva a replegarse en sí mismo, a imponerse por encima de los demás y contra ellos: es el egoísmo, consecuencia de la culpa original. Adán y Eva, seducidos por la mentira de Satanás, aferrando el misterioso fruto en contra del mandamiento divino, sustituyeron la lógica del confiar en el Amor por la de la sospecha y la competición; la lógica del recibir, del esperar confiado los dones del Otro, por la lógica ansiosa del aferrar y del actuar por su cuenta (cf. Gn 3,1-6), experimentando como resultado un sentimiento de inquietud y de incertidumbre. ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor?

Justicia y Sedaqad

En el corazón de la sabiduría de Israel encontramos un vínculo profundo entre la fe en el Dios que “levanta del polvo al desvalido” (Sal 113,7) y la justicia para con el prójimo. Lo expresa bien la misma palabra que en hebreo indica la virtud de la justicia: sedaqad,. En efecto, sedaqad significa, por una parte, aceptación plena de la voluntad del Dios de Israel; por otra, equidad con el prójimo (cf. Ex 20,12-17), en especial con el pobre, el forastero, el huérfano y la viuda (cf. Dt 10,18-19). Pero los dos significados están relacionados, porque dar al pobre, para el israelita, no es otra cosa que dar a Dios, que se ha apiadado de la miseria de su pueblo, lo que le debe. No es casualidad que el don de las tablas de la Ley a Moisés, en el monte Sinaí, suceda después del paso del Mar Rojo. Es decir, escuchar la Ley presupone la fe en el Dios que ha sido el primero en “escuchar el clamor” de su pueblo y “ha bajado para librarle de la mano de los egipcios” (cf. Ex 3,8). Dios está atento al grito del desdichado y como respuesta pide que se le escuche: pide justicia con el pobre (cf. Si 4,4-5.8-9), el forastero (cf. Ex 20,22), el esclavo (cf. Dt 15,12-18). Por lo tanto, para entrar en la justicia es necesario salir de esa ilusión de autosuficiencia, del profundo estado de cerrazón, que es el origen de nuestra injusticia. En otras palabras, es necesario un “éxodo” más profundo que el que Dios obró con Moisés, una liberación del corazón, que la palabra de la Ley, por sí sola, no tiene el poder de realizar. ¿Existe, pues, esperanza de justicia para el hombre?

Cristo, justicia de Dios

El anuncio cristiano responde positivamente a la sed de justicia del hombre, como afirma el Apóstol Pablo en la Carta a los Romanos: “Ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado... por la fe en Jesucristo, para todos los que creen, pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia (Rm 3,21-25).

¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la “propiciación” tenga lugar en la “sangre” de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la “maldición” que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la “bendición” que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14). Pero esto suscita en seguida una objeción: ¿qué justicia existe dónde el justo muere en lugar del culpable y el culpable recibe en cambio la bendición que corresponde al justo? Cada uno no recibe de este modo lo contrario de “lo suyo”? En realidad, aquí se manifiesta la justicia divina, profundamente distinta de la humana. Dios ha pagado por nosotros en su Hijo el precio del rescate, un precio verdaderamente exorbitante. Frente a la justicia de la Cruz, el hombre se puede rebelar, porque pone de manifiesto que el hombre no es un ser autárquico, sino que necesita de Otro para ser plenamente él mismo. Convertirse a Cristo, creer en el Evangelio, significa precisamente esto: salir de la ilusión de la autosuficiencia para descubrir y aceptar la propia indigencia, indigencia de los demás y de Dios, exigencia de su perdón y de su amistad.

Se entiende, entonces, como la fe no es un hecho natural, cómodo, obvio: hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo “mío”, para darme gratuitamente lo “suyo”. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia “más grande”, que es la del amor (cf. Rm 13,8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar.

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor.

Queridos hermanos y hermanas, la Cuaresma culmina en el Triduo Pascual, en el que este año volveremos a celebrar la justicia divina, que es plenitud de caridad, de don y de salvación. Que este tiempo penitencial sea para todos los cristianos un tiempo de auténtica conversión y de intenso conocimiento del misterio de Cristo, que vino para cumplir toda justicia. Con estos sentimientos, os imparto a todos de corazón la bendición apostólica.


Vaticano, 30 de octubre de 2009


jueves 4 de febrero de 2010

FIESTA DE LA CANDELARIA Y FESTIVIDAD DE LOS OBISPOS SAN BLAS Y SAN OSCAR

El día 2 de febrero, en la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, o «la Candelaria» nuestro Obispo Oscar Sarlinga ha celebrado la eucaristía, con bendición de las candelas, en la iglesia catedral de Santa Florentina, a las 19.

Hoy, día 3, en la festividad de los Obispos San Blas y San Oscar, son impuestas las candelas sobre las gargantas, según la tradición piadosa, en la misa de 19, en la misma iglesia catedral.

En la diócesis de Zárate-Campana, el día 3, celebramos el 4to. aniversario de la elección de Mons. Oscar Sarlinga como Obispo diocesano por parte de S.S. Benedicto XVI (el 3 de febrero de 2006, habiendo tomado posesión de la diócesis el 18 de febrero). Rogamos a los fieles católicos una recordación en la oración por nuestro Pastor.

miércoles 3 de febrero de 2010

MÁS INFORMACIÓN SOBRE EL AÑO JUBILAR VISITANDINO: DECRETO DE LA PENITENCIARÍA APOSTÓLICA DE LA SANTA SEDE

Leído por Mons. Santiago Herrera al inicio de la celebración presidida por Mons. Oscar Sarlinga el 24 de enero del corriente, en la apertura del Año Jubilar Visitandino, en el Monasterio de la Visitación, del partido de Pilar (diócesis de Zárate-Campana)

INDULGENCIAS CONCEDIDAS POR LA SEDE APOSTÓLICA EN EL AÑO JUBILAR VISITANDINO

P E N I T E N C I A R I A A P O S T Ó L I C A
Prot. N. 55/08/I
D E C R E T O

El Sumo Pontífice, Benedicto XVI, felizmente reinante, fue informado por el Padre Valentín Viguera, S.D.B., Asistente General de la Orden de Religiosas de la Visitación de la Santísima Virgen María, de las celebraciones jubilares con que el año 2010, cuarto centenario del día en que este Instituto religioso fue fundado por Santa Juana Francisca Frémiot de Chantal y San Francisco de Sales. Con el deseo de premiar a los piadosos fieles su peculiar solicitud por la amadísima Iglesia y su afecto peculiar a la Orden de la Visitación de Santa María, concede benignamente indulgencia plenaria, con las condiciones de costumbre (Confesión Sacramental, Comunión Eucarística y una oración por las intenciones del Sumo Pontífice). Cumplidos estos ritos, los cristianos verdaderamente arrepentidos que visiten un Monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María y en una Iglesia Conventual tomen parte en alguna ceremonia por un espacio de tiempo y terminen recitando la Oración Dominical, el Símbolo de la Fe y algunas oraciones a la Santísima Virgen María, San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal.

a.- El día en que se abra solemnemente el Año Jubilar, el día de la fiesta de San Francisco de Sales (24 de enero), el día aniversario de la fundación (6 de junio), en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (19 de junio), el día de la fiesta de Santa Juana Francisca de Chantal (12 de agosto), el día en que se clausure solemnemente el Año Jubilar.

b.- Por una vez, el día que elija cada uno de los fieles

c.- Cuantas veces se tome parte en una peregrinación a uno de los Monasterios.

Las religiosas de la Visitación que por motivo de enfermedad u otras causas graves no puedan participar en las celebraciones jubilares, pueden ganar la indulgencia plenaria en el lugar en que se encuentren, detestando todo pecado y con la intención de cumplir cuando puedan las tres condiciones ya sabidas y se unan espiritualmente, ofreciendo las oraciones y dolores o incomodidades propias de la vida, ofrecidas a Dios por medio de María.

Lo anterior vale por el espacio del jubileo de la Orden de la Visitación de Santa María.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaria Apostólica, el día 17 de septiembre del año de la Encarnación 2008.

JUAN FRANCISCO S.R.E. CARD. STAFFORD
Penitenciario Mayor

Juan Francisco Girotti, O.F.M. Conv.
Ep. Tit. Metensis, Secretario

sábado 30 de enero de 2010

FUE INAUGURADO SOLEMNEMENTE EL JUBILEO VISITANDINO EN EL MONASTERIO DE LA VISITACIÓN DE PILAR

El domingo 24 de enero fue solemnemente abierto el Año Jubilar Visitandino en el Monasterio de la Visitación de María, en Pilar (diócesis de Zárate-Campana), con la presencia de la Rvda. Madre Priora Silvia Cincotta, las monjas de clausura, y la concelebración de Mons. Herrera, pro-vicario general, el Pbro. Jorge Ritacco, de Ntra. Sra. del Pilar, el P. Iván Pertiné, de la Sociedad de San Juan, y los sacerdotes pertenecientes a esta sociedad de vida apostólica, seminaristas, hermanos religiosos, religiosas de distintas congregaciones, y numerosos laicos, en la eucaristía presidida por el Obispo Mons. Oscar Sarlinga.

En efecto, el Monasterio de la Visitación de Santa María, más conocido como " de las Monjas Salesas" se convirtió ese día en un punto de encuentro de fieles de diversos lugares de la diócesis y de ciudades vecinas, también de Buenos Aires, para inaugurar el mencionado Año Jubilar Visitandino (1610-2010) en conmemoración de los 400 años de la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María por parte del Obispo San Francisco de Sales.

Durante la homilía destacó Mons. Sarlinga la figura de San Francisco de Sales, nombrado "Obispo de Ginebra" (en la actual Suiza, pese a que la ciudad entró oficialmente en la Confederación helvética recién en 1801), en cuya diócesis nunca pudo tomar posesión, en razón de haberse convertido en sede del calvinismo, y habiendo debido residir, por esa razón, siempre siempre en Annecy (Francia), desde donde irradió su apostolado, visitando a las familias, también clandestinamente, en Ginebra, y vestido de paisano, para no ser reconocido y apresado, y habiendo distribuido numerosas cartas de carácter pastoral entre las familias que permanecieron católicas en la zona, en razón de cuya "actividad gráfica" fue declarado patrono de los periodistas. Dijo Mons. Sarlinga que "toda la región Centro-Oriental de la Francia, notablemente el Chablais, se benefició de la reevangelización por parte de San Francisco de Sales, en una oración y actividad incansables, como verdadero Pastor que dio la vida por el Rebaño que le había sido encomendado", y que la fundación de la Visitación correspondió a una gran intuición sobre constituir "un faro para la humanidad", por la iluminación de tantas conciencias por la Gracia divina, en razón de la oración de las monjas, que se ofrecen como almas víctimas por quienes sufren, por quienes más lo necesitan, por los pecadores, por los que no creen, por los que ya no tienen esperanza".
El Obispo llamó a las religiosas a seguir siendo, en el mundo de hoy, también ese "faro para la humanidad" que quiso San Francisco de Sales, quien las fundó en 1610 junto con Santa Juana Francisca de Chantal. Con el trabajo de ambos dieron a resurgir una congregación dedicada a la vida contemplativa y marcada por la ayuda a los pobres como modo de vida regida por los votos simples que se convertirán en solemnes y de clausura con la regla de San Agustín, años más tarde, que guiaron la forma de vida de las religiosas que viven en clausura en el Monasterio de Pilar. Con una eucaristía donde tanto ofrendas como lecturas se centraron en torno a la conmemoración de los 400 años del nacimiento de la fundación, se iniciaron los diversos actos del Jubileo Visitandino que se celebrarán a lo largo de todo el año. El decreto con las indulgencias concedidas por la Penitenciaría Apostólica fue leído por Mons. Santiago Herrera al inicio de la misa, luego del saludo inicial. Durante este Año Jubilar podrán lucrarse visitando la iglesia del Monasterio, y la indulgencia plenaria con las debidas condiciones (recibimiento digno de los Sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, y oración por las intenciones del Papa) el 24 de enero (Solemnidad de San Francisco de Sales y comienzo del Año Jubilar), el 6 de junio (400.º Aniversario de la Fundación de la Orden), el 11 de junio (Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús), el 12 de agosto (Solemnidad de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal), y el 13 de diciembre (Tránsito de santa Juana Francisca Fremiot de Chantal y clausura del Año Jubilar); o bien, una sola vez, en un día elegido por cada fiel, o en visita de peregrinación en grupo.
Mons. Sarlinga relacionó también en su homilía la providencialidad de la Fundación, con la vocación de Santa María Margarita Alacoque, y sus visiones del Sagrado Corazón, y los mensajes que han hecho tanto bien en la Iglesia a los largo de los siglos, así como la visita de las reliquias de la Santa a la diócesis de Zárate-Campana (a Pilar, Presidente Derqui, Campana y Belén de Escobar) y a otras diócesis de la República, así como la consagración de la diócesis de Zárate-Campana al Sagrado Corazón de Jesús, el 9 de mayo de 2009.
Luego de la celebración de la Misa, el Obispo y los sacerdotes saludaron a la Priora y a las religiosas desde la clausura, y a continuación lo hicieron los fieles presentes en gran número.

viernes 29 de enero de 2010

Sacerdocio y mundo digital

Por SIC el 29 de Enero de 2010

En el marco de la reciente presentación del mensaje del Papa Benedicto XVI para la 44 Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales, monseñor Claudio Maria Celli, Presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, confía en exclusiva a H2onews, la importancia del tema con relación al año sacerdotal que la celebra Iglesia Universal.

“Este año el Papa ha elegido un tema particolar en conexión con el año sacerdotal, el tema es “el sacerdote en el mundo digital, los nuevos medios de comunicación al servicio de la palabra.

“Es interesante porque el Papa en su mensaje habla del papel que el sacerdote juega, ejercita, en el campo de la pastoral digital, pero no se dirige solamente a los sacerdotes”.

“El mensaje se dirige a toda la Iglesia, que deve descubrir poco a poco el papel que juega el sacerdote en el nuevo campo de la pastoral del mundo digital”.

La tarea fundamental de todo sacerdote es el amor del mensaje evangélico y ser ejemplo de la Palabra de Dios para todos los miembros de la Iglesia y recordar a todos los hombres de la humanidad la buena noticia.

“El tema es importante porque el Papa reconoce que el sacerdote en este sector debe mantener una grande fidelidad al mensaje evangélico, debe ser un testigo apasionado de la Palabra de Dios, debe recordar, como dice el texto, a esta humanidad perdida que Dios está cerca, que Dios ama al hombre, éste es el tema fundamental de la buena noticia, del grande anuncio”.

Monseñor Celli puntualiza la invitación que el Papa dirige en su mensaje, con esta sucinta frase:

“Me parace que éste es el gran desafío, el anuncio sereno, profundo, que implica que el Papa dirige a todos nosotros con su mensaje en la 44 jornada mundial de las comunicaciones sociales”.

Como vemos, nuestro Papa Benedicto XVI no deja de sorprendernos. Y, como hemos dicho, esta vez lo ha hecho con el "Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales", que inserta en el año sacerdotal desde una perspectiva tan original como sorprendente. Baste pensar que su lema es «El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra». Lo que el Papa quiere, en última instancia, es que los sacerdotes incorporen cada vez más a su acción pastoral el mundo de las nuevas tecnologías.
Es evidente que la tarea primaria del sacerdote es la de anunciar a Jesucristo y comunicar la multiforme gracia divina que nos salva mediante los sacramentos. Lo que ocurre es que los medios modernos de comunicación dan a la Palabra una capacidad de expresión y difusión casi ilimitada, y abren enormes perspectivas a la acción evangelizadora de la Iglesia. Las autopistas de la comunicación digital se han convertido en un instrumento de intercomunicación tan poderoso, rápido y eficaz, que no usarlas sería una grave irresponsabilidad.
Esta realidad sitúa al sacerdote –en palabras del Papa- ante el umbral de una «nueva historia», porque en la medida en que las nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas y más se amplíen las fronteras del mundo digital, «tanto más se verá llamado el sacerdote a ocuparse pastoralmente de este campo».
El mandato de Jesucristo «Id al mundo entero, y predicad el Evangelio» pasa hoy, necesariamente, por el uso constante y gozoso de los medios digitales de comunicación. Por eso, el Papa no duda en afirmar que los sacerdotes, además de valerse «de los medios tradicionales, ha de hacerlo también de los que aporta la nueva generación de medios audiovisuales: foto, video, animaciones, blogs, sitios web» para «la evangelización y la catequesis».
Evidentemente, el sacerdote seguirá necesitando una sólida formación teológica y una honda espiritualidad para descubrir al hombre de hoy el rostro de Cristo. Pero a esta formación hay que “unir el uso oportuno y competente de los medios digitales». La formación doctrinal y espiritual y el uso de los medios de comunicación han de ensamblarse en perfecta unidad y tener siempre delante el mismo horizonte: anunciar a los hombres y mujeres, especialmente a los no creyentes, la persona y doctrina de Jesucristo Salvador.
Uno se imagina con qué alegría y empeño se hubiera acercado san Pablo, el apóstol por antonomasia de los paganos, a esta tecnología digital, si hubiera existido en su época, a los fines de hacer llegar el mensaje salvador hasta el último rincón del planeta.
Porque hoy dìa, hay que reconocerlo, es una realidad que una página web o un blog pueda llegar al lugar más alejado de la civilización. Y es posible entrar en contacto creyentes de cualquier religión, con no creyentes, así como con personas de todas las culturas.
De todos modos, los medios masivos de comunicación, y las modernas tecnologías, por sorprendentes que sean, han de ser usadas con fundamento en los valores, en las virtudes, en la alegría de evangelizar y de construir la civilización del Amor. En ese sentido, no se trata tanto de "estar por el simple hecho de estar presente" en dichos medios, o de simplemente "hacer uso de ellos". Presuponiendo esto último, lo que tenemos que tener ante la vista es concebirlos como "instrumentos" al servicio de la evangelización y de la dignidad de la persona humana, de su promoción humana integral.
Es en este aspecto como el sacerdote ha de ser siempre consciente de ser un "servidor de la Palabra" que salva y favorece el desarrollo humano integral. De ahí que, como señala el Papa, siempre hay que asegurar «la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales». Los medios tendrán la calidad humana y espiritual de las personas que los manejan y llevan adelante. Misión del sacerdote es "animar a esas personas", en el sendido de "darles alma", derramando sobre ellas todo su caridad y celo pastoral.

jueves 28 de enero de 2010

EL PAPA INSTA A LOS SACERDOTES A USAR DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE COMUNICACIÓN, ENTRE LAS CUALES LOS BLOGS

La exhortación del Papa Benedicto XVI llegó mientras enfatizaba que los sacerdotes deben aprender a utilizar nuevas formas de comunicación para propagar el mensaje del evangelio

En su mensaje a la Iglesia Católica Romana durante el día mundial de las comunicaciones, el pontífice de 82 años, que no es un fanático de las computadoras e internet, reconoció que los religiosos deben sacar el mayor provecho del "rico menú de opciones" ofrecido por nuevas tecnologías.

"Por consiguiente los sacerdotes son llamados a proclamar el evangelio por medio del uso de la última generación de recursos audiovisuales -imágenes, videos, elementos de animación, blogs, sitios web- que junto a medios tradicionales pueden abrir nuevos panoramas para el diálogo la evangelización y la catequesis", comentó.

Los sacerdotes, agregó, tienen que responder al desafío de "los cambios culturales de hoy", si quieren llegar a personas jóvenes. Pero Benedicto XVI hizo una advertencia a los religiosos que no intenten convertirse en estrellas de los nuevos medios.

"Los sacerdotes presentes en el mundo de las comunicaciones digitales deberían ser menos notables por su inteligencia mediática que por su amor al oficio religioso", indicó.

Tras décadas de haber permanecido receloso de los nuevos medios, el Vaticano decidió utilizar las nuevas tecnologías. El año pasado, el Vaticano lanzó un nuevo sitio web: www.pope2you.net, ofreciendo una aplicación llamada "The pope meets you on Facebook" ("El Papa te encuentra en Facebook") y otra que permite a los fieles ver los discursos del líder religioso en sus iPhones o iPods.

(tomado de Infobae, edición digital del 23 de enero de 2010)